Termina hablando de Doña Angelita, inventora de la enciclopedia electrónica, artilugio precursor del actual e-book, y Adela Muñoz es también una enciclopedia de la historia de mujeres de ciencia. Esta catedrática de Química de la Universidad de Sevilla desgrana de forma vehemente la vida y aportaciones de aquellas que quedan sepultadas por las biografías de sus coetáneos masculinos.

Mujeres que a contracorriente se pusieron los convencionalismos de su época por montera y eso sí, siempre apoyadas por padres, hermanos o esposos, aportaron su granito de arena a la historia de la ciencia. Sin embargo, esos granitos quedaron sepultados bajo el alud de los descubrimientos de científicos masculinos. “Hay que desenterrar sus historias, porque las mujeres científicas del pasado eran pocas, pero, sobre todo en España, nadie se preocupó de recuperar su biografía o incluso la ocultaron y quedaron en el olvido”, reconoce.

Adela Muñoz, junto a la tabla periódica construida por Luis Sánchez, investigador del CSIC

Adela Muñoz, junto a la tabla periódica construida por Luis Sánchez, investigador del CSIC

Adela estudió química, por llevar la contraria a su padre, que prefería Derecho y a la familia a su madre que la veía como farmacéutica “una profesión más femenina”. La dualidad de la ciencia y la historia con la que convive hoy también se presentó en los inicios de su carrera. Aunque atraída por la química gracias a un profesor que le transmitió la pasión por esta disciplina en bachillerato, terminó cursando el COU de filosofía y letras. Sin embargo, pudo más la ciencia de fórmulas y disoluciones.

Madre de dos hijos, un chico y una chica. Él es médico y ella cursa el bachillerato de ciencias. “En principio no pretende dedicarse a la química, por alejarse de un tema del que se habla mucho en casa” (ríe)  ¿La anima a emprender una carrera investigadora tal como está el patio? “Más que animarla a que tome  una decisión muy vocacional e inicie la carrera que considero la más bonita le intento transmitir que el privilegio no es ganar mucho en tu profesión, sino que se convierta en una pasión”.

Comparte área de conocimiento con Isabel Ovín, una sevillana que fue la primera mujer que se licenció en Ciencias Químicas en España. Lo hizo en 1917 en su misma Universidad. Sin embargo, es una de las que tiene pendiente escribir, porque reconoce que encontrar datos bibliográficos sobre científicas andaluzas del pasado resulta difícil, incluso si amplía su área de búsqueda al ámbito nacional. “Existen pocas biografías y no existe ese afán recopilatorio, como ocurre por ejemplo en Inglaterra, donde hay obras sobre sus trayectorias. Hay una obra de Historia de la Ciencia del CSIC que recupera una parte muy importante de las mujeres que estudiaron en la residencia de estudiantes”.

Un legado valioso, ya que tras el levantamiento del 36 esas mujeres desaparecieron, hasta el punto de que se destruyó su información de los archivos. “A finales de los 20, uno de los centros de investigación más importantes de España, el INFQ, llegó a tener casi el 30% de mujeres, pero su rastro desapareció, hasta que una española Carmen Magallón viajó a Estados Unidos, a las fundaciones que habían financiado la ciencia de estas señoritas. Su objetivo era encontrar unas trayectorias científicas de las pioneras científicas del primer tercio del siglo XX y que se barrieron incluso de los archivos”, lamenta.

Desde Ovín, pasando por las científicas de la residencia de estudiantes el panorama ha cambiado bastante. Hoy hay mayoría de matriculadas y licenciadas, que también obtienen los mejores expedientes académicos y las que más se incorporan a la carrera científica. Hasta que aparece el denominado “efecto tijera” y Adela improvisa en un folio una gráfica que recuerda a este utensilio de cortar. Precisamente ese efecto hace referencia a que aunque en las primeras etapas de la carrera investigadora hay un mayor número de mujeres (60% de licenciadas en 2005 frente al 40% masculino), conforme se va ascendiendo en las responsabilidades y cargos, como cátedras, por ejemplo, aumenta el número de hombres y desciende el de mujeres, como se aprecia en esta gráfica. En ella también se observa que la situación ha mejorado desde 1986, aunque a pesar de ello la tijera sigue muy abierta.

Evitar que estas tijeras sigan recortando la presencia de mujeres en puestos altos depende, según Adela de muchos factores y es una labor que comienza en la escuela.”Es necesario difundir las aportaciones de mujeres científicas de la historia que sirvan de modelo para que las niñas comprueben que hay mujeres inventoras, ingenieras…”, plantea.

Sin embargo, ya se han puesto en marcha otras estrategias en el ámbito institucional. “En el CSIC se desarrolla una política activa para erradicar la discriminación, no otorgando puestos a mujeres,  si no haciendo que formen parte de todas las comisiones de evaluación en un número similar al de hombres”, explica. Para la catedrática, esta presencia resulta fundamental, porque hoy los sesgos son muy pequeños, no existe una barrera visible clara, pero sí ‘mini-barreras’ que configuran el denominado techo de cristal.

¿Maternidad o ciencia? La disyuntiva alemana

Según Adela, hay un aspecto en el que España sufre menos recortes que Inglaterra o incluso Alemania: la llegada de las mujeres científicas a los puestos altos. Mientras que en Inglaterra el porcentaje es de un 7-8%, en Alemania de un 6% y en España ronda el 13%. ¿A qué se debe esta disparidad? De nuevo las causas históricas y culturales tienen mucho que decir. “Curiosamente en los sitios donde la ciencia se estableció mejor antes, como Inglaterra o Alemania es donde más costó -y aún cuesta- a las mujeres iniciar la carrera científica. Se consideraba un ámbito serio y, por tanto, dedicado a los hombres. En España, como no se ha alcanzado una ciencia seria hasta hace muy poco, las mujeres hemos accedido con más facilidad”, explica.

Más allá de las causas históricas, la percepción social actual de las mujeres científicas también varía según el país. “Uno de los países donde es más difícil emprender una carrera investigadora actualmente es Alemania”, destaca. En el país germano la investigación requiere dedicación completa, algo supuestamente incompatible con la maternidad. “Allí tienes que ser madre a tiempo completo. Por tanto, no puedes compaginarlo con una carrera científica, considerada una profesión tan importante, como para dedicarle todo tu tiempo. Está mal considerado que una persona que tiene hijos se dedique a otra cosa especialmente a una actividad que demanda tanto tiempo como la ciencia”, subraya.

Para Adela actualmente no es necesario elegir entre maternidad o investigar, su ejemplo y el de muchas otras es la prueba. No obstante, reconoce que la carrera investigadora de las mujeres resulta más difícil porque momentos importantes como la etapa postdoctoral coinciden con hitos biológicos como la decisión de ser madre. “Esta situación supone un conflicto: o tienes los hijos muy jóvenes, lo que puede alterar el comienzo de la carrera científica o los tienes muy tarde”.

Tras el parto, otro de los obstáculos para Adela es el paréntesis de la baja maternal. Aboga por bajas no demasiado extensas, que suponen un parón en la carrera que luego es difícil de retomar. “Si desapareces un año de la carrera científica, estás fuera. No es hacerle un favor a la mujer retirarla largos periodos de su actividad tras la maternidad, porque puede suponer un no retorno”, asevera.

Junto a la Adela reivindicativa, muestra a la más indecisa cuando tiene que elegir a alguna de las mujeres científicas sobre las que ha investigado, esas frente a las que, según dice, las vidas retratadas en las novelas le parecen ramplonas. Tras mencionar otras, mientras rebusca entre los libros y gráficos de su despacho, destaca a una de las más desconocidas Anna Maria Sibylla Merian, considerada actualmente como una de las más importantes iniciadoras de la entomología moderna, gracias a las observaciones detalladas y a su descripción, con ilustraciones propias, de la metamorfosis de los insectos de Europa y América del Sur

Si tiene que destacar alguna cuyos descubrimientos tuvieron más trascendencia en la sociedad, por resolver un problema fundamental fue Dorothy Crowfoot-Hodgkin. Ella determinó la estructura de la penicilina, de la vitamina B-12, y de la insulina en 1969, treinta años después de haber comenzado a estudiarla.

Tampoco olvida a la neuróloga fallecida recientemente Rita Levi-Montalcini, ni a las que siguen vivas como Françoise barré-Sinoussi. Todas con una pasión por el conocimiento que les llevó a saltar por encima de prejuicios, de las dificultades de la época, como Doña Angelita. Así termina, hablando de la inventora del mecanismo precursor de e-book.