Por María

Es duro decir hasta luego, pero los exiliados lo hacemos a menudo. Demasiado a menudo. Ya sea en el aeropuerto, rodeada de gente extraña, algunos de ellos en la misma situación; en la estación de trenes, acelerando el paso a través de los andenes con miedo a volver la vista atrás por si se te van las fuerzas de seguir tu camino; desde la ventana del autobús, con una mano pegada al cristal y la otra en los labios lanzando besos; o en la puerta de tu casa, con un abrazo rápido y huyendo al coche que te llevará a tu destino sin decir nada más porque sabes que no eres capaz de entonar palabra sin soltar una lágrima. Sea como sea, siempre duele.

El otro día leí una frase de Paulo Coelho que decía “Un día despertarás y ya no habrá más tiempo para hacer las cosas que siempre has querido hacer. Hazlas ahora”. Se supone que estoy haciendo lo que siempre he querido hacer: Investigación. Pero si es así, ¿por qué siempre que me despido de la familia, los amigos, incluso de mi perro… y cruzo esa línea, no puedo evitar pensar qué demonios estoy haciendo con mi vida?

Recuerdo la primera vez que me fui al extranjero. Era sólo para tres meses pero me costó tantísimo decir hasta luego… Cuando me monté en el avión todavía caían lágrimas por mis mejillas. Era en Málaga y verano, así que no fue raro encontrar una pareja mayor de ingleses que se dirigía a mi mismo destino. Mi cara debía de ser un poema porque recuerdo como la amable mujer de mi lado me hablo durante todo el camino, intentando animarme con una chocolatina. Yo tenía veintitantos pero en ese momento me sentía como una niña pequeña que solo quería volver a casa.

Aeropuerto de Málaga

Aeropuerto de Málaga

Hoy, varios años más tarde, me he despedido tantas veces que ya no podría contarlas. Pero todavía hoy me emociono.

Hoy despedí a un amigo al que sé que no veré durante al menos dos años. Esta vez es el él que se va al extranjero. Demasiado lejos. Otro cerebro fugado. Y aquí me veo en el tren de vuelta a mi pueblo perdido de un país que no es mi patria, a seguir luchando por sacar adelante mi carrera científica, añorando a los que deje en España, y ahora ya en tantos otros países. Hoy mi corazón esta triste porque la ciencia española perdió a otro más. Hoy me monté en mi vagón y me encontré con que no quería mirar atrás, pero tampoco adelante. Respire hondo, abrí mi agenda y conté los días para mi visita a España. Ya queda menos. Otro día menos…