Por María

La mejor parte de una carrera científica, y sí, la tiene, es cuando tienes la oportunidad de dar a conocer lo que haces al público en general. A veces estamos tan centrados en aumentar nuestro número de publicaciones científicas (por aquello de tener un currículo suficientemente bueno como para poder competir el día de mañana por alguna beca para volver a casa) que nos olvidamos de por qué hacemos ciencia.

Quién no tuvo en su poder de pequeño ese famoso libro de 'El porqué de las cosas'

Quién no tuvo en su poder de pequeño ese famoso libro de ‘El porqué de las cosas’

Hacemos ciencia porque queremos ayudar con nuestros humildes descubrimientos al mundo (personalmente, a mi el Bosón de Higgs me queda bastante lejos… pero una lo intenta…), y como no, saber el porqué de las cosas. Que levanten la mano quienes no tuvieron en su poder de pequeños ese famoso libro de El porqué de las cosas. Y es que si fuiste de los que estaban todo el día, “¿y por qué, mamá? ¿Y por qué? ¿Y por qué?”. Igual eres uno de los nuestros y te hubiera ido bien en este loco mundo de la ciencia.

Pero no sólo hace falta tener entusiasmo para ser científico (o pretender serlo), además hay que tener suerte. Y es que hoy en día, como en la mayoría de las cosas de la vida, hay que tener suerte. Para aquellos que nacieron el día equivocado y les tocó el año chino erróneo, tengo que reconoceros que la ciencia es dura, muy dura. Muchas horas empleadas en el laboratorio, en casa, en los trenes y en el metro, leyendo y releyendo, planteando los problemas, buscando soluciones e intentándolo, una y otra vez.

Pero como decía, hay que tener suerte. Y con suerte no me refiero al día a día, a mezclar dos compuestos y que te salga un nuevo y magnífico medicamento que sanara el mundo. No. Me refiero a la suerte a la hora de encontrar un grupo de investigación bueno, con medios y con gente formada de la que puedas aprender y enriquecerte a diario.

Pero ¿qué pasa si no tenemos suerte? Para aquellos a los que realmente les gusta la ciencia todavía les queda otra opción distinta de volver a España para jugar con el microcefa en casa (la opción de encontrar trabajo como científico en España quedo descartada desde el momento en que las becas quedaron en stand-by).

Siempre podemos enfrentarnos a la realidad, asumirla, ver los medios que tenemos (que por supuesto no son muchos) y hacer de MacGyver. Sí, este año no sé si aprenderé ciencia, pero una manitas voy a acabar siendo sí o sí. Y si no tenemos un equipo, yo con un papel y un boli dibujo las piezas que necesito e intento diseñar algo similar que pueda servirme (lo del papel y el boli es por aquello de que es nuestro único medio de comunicación, puesto que al igual que muchos equipos, el inglés tampoco llegó a estas tierras donde investigo actualmente).

No sé si aprenderé ciencia, pero una manitas voy a acabar siendo sí o sí

No sé si aprenderé ciencia, pero una manitas voy a acabar siendo sí o sí

Con todo esto lo que quiero decir es que cuando me preguntan y qué hay que hacer para dedicarse a esto. Lo tengo muy claro: hay que amar la ciencia. Porque es duro, es muy duro, estar lejos de tu tierra, donde no te entienden, el clima es horrible y no tienes los medios para hacer tu investigación. Pero cuando un día te levantas, vas al trabajo y ese día las cosas salen, eres la persona mas feliz del planeta.

Y puede que no publique mil artículos como haría si estuviera en otro sitio con más medios, pero cada línea de esta corta nota breve (que espero publicar algún día) habrá costado más sufrimiento, lágrimas y trabajo que ninguna de las otras que conseguí en países más equipados.

Y es que después de todo, cuando las cosas salen, te das cuenta de que a pesar de todo, ¡la ciencia es divertida!