Si echamos un vistazo a las aulas de las universidades, son más las estudiantes matriculadas. Un ejemplo, en Andalucía, este curso que finaliza, un 55 % (135.000)  son chicas, frente al 45 % de hombres (110.000). También se licencian en mayor número y, según la catedrática de la Universidad de Sevilla Ana Guil, experta en igualdad de género en el ámbito universitario, obtienen mejores notas. “Las chicas sacan mejores calificaciones que los chicos, hay un 60% de licenciadas frente a un 40% de licenciados. Sin embargo, a la hora de acceder a los puestos de trabajo, se intercambian los papeles y las mujeres se quedan en un 40%. Si analizamos su presencia en puestos de responsabilidad y altos cargos, se quedan, en el mejor de los casos, en un 18%”, relata la experta.

Para la experta, la universidad no es impermeable a la desigualdad social y repite sus estereotipos

Para la experta, la universidad no es impermeable a la desigualdad social y repite sus estereotipos

De esta forma, las universitarias actuales parece no convertirse en las catedráticas del mañana ¿Qué ocurre para que siendo más en cantidad y obteniendo mejores calificaciones su presencia se vea mermada a medida que se avanza en  la escala de las instituciones académicas? Para la experta, la universidad no es impermeable a la desigualdad social y repite sus estereotipos. “Antes la barrera que separaba a hombres y mujeres en la universidad estaba en el doctorado. Ahora ya no, pero la maternidad sigue marcando un antes y un después: la familia supone para los hombres un desahogo, y un lastre para las mujeres”, asevera.

Guil apunta obstáculos de varios tipos: del contexto social, organizacionales y personales. Entre las primeras, hace referencia al tiempo, repartido de distinta forma según los géneros. Para los varones, se permite una dedicación exclusiva a las actividades  profesionales en detrimento de las familiares. “Las mujeres -al tener adjudicado desde tiempos inmemoriales el cuidado y mantenimiento del entorno familiar y de sus miembros-, deben dedicar o compartir su tiempo entre la familia y el trabajo”, sostiene.

En cuanto a la orientación profesional, Guil destaca que los varones tienen una tendencia históricamente marcada hacia lo laboral y se estima que su masculinidad esta ligada a su éxito profesional, mientras que las mujeres hasta no hace mucho tiempo estaban encerradas en el entorno familiar.

La catedrática de la Universidad de Sevilla Ana Guil, experta en igualdad de género en el ámbito universitario

La catedrática de la Universidad de Sevilla Ana Guil, experta en igualdad de género en el ámbito universitario

Como granitos de arena que se suman durante siglos, la desigualdad no sólo es un reto vigente sino futuro. En la Universidad, ámbito de estudio de Guil, la solución pasaría por el apoyo a las científicas para liberarlas de tareas cotidianas que le resten tiempo para dedicarse a su trabajo. “La maternidad debería ser una decisión apoyada desde la sociedad. Si queremos apostar por personas valiosas es necesario respaldarlas con comedores colectivos, servicios de asistencia para las labores del hogar o el cuidado de los hijos y mayores a su cargo. En Estados Unidos, algunas ciudades universitarias cuentan con algunos de estos servicios y las mujeres pueden con mayor facilidad estar dedicadas a la investigación”, expone.

Otras estrategias para alcanzar la igualdad guardan relación con la educación y los medios de comunicación. En el ámbito educativo, desde la escuela, la universidad y la familia se propiciaría un ambiente favorable para la igualdad. En el aspecto mediático, para Guil habría que cuidar la imagen que se ofrece de ambos sexos en los mensajes publicitarios que generan y perpetúan estereotipos. “Seguimos viendo a chicas medio desnudas para anunciar cualquier cosa. La solución no es poner un chico en igual situación si no, evitar utilizar el cuerpo de las personas para ese objetivo”, subraya.

 Las mujeres y la crisis

La precariedad en el empleo y en otras facetas vitales que está propiciando la crisis económica empeora la situación de desigualdad de la mujer para esta experta. A pesar de ello, debido a su tradicional adaptación a un contexto que no se lo ha puesto fácil a lo largo de la historia, cuentan con más estrategias a la hora de enfrentarse a la realidad económica. “A las mujeres se nos enseña desde pequeñas a cooperar, a no figurar y, en época de crisis, somos capaces de buscar alianzas y de salir adelante con poco y con inteligencia. Es una inteligencia que hemos adquirido mediante adaptaciones ante las situaciones difíciles”, apostilla.