Por Rosa

 Los días son más cortos, en los bares no sirven tapas, y te miran raro si intentas hacer un chiste de Chiquito. El inevitable choque cultural. Que pesa, a veces. No he conocido a ningún español que viva fuera que no suspire si mencionas el jamón serrano, o las croquetas de tu abuela, o unas cañas al sol. Nuestras raíces son profundas, qué le vamos a hacer.

Pero, pese a todo, nos vamos. Nos vamos porque queremos hacer ciencia

Pero, pese a todo, nos vamos. Nos vamos porque queremos hacer ciencia

Y aún así, las nuevas generaciones de científicos españoles seguimos marchándonos al extranjero, uno tras otro, en un éxodo que parece imparable. Nos vamos con un billete de ida, muchas ganas, y una formación que nos proporcionó ese país que ahora no nos quiere; sin pensar mucho, con un plan que abarca, con suerte, dos años. Y con el sombrío presentimiento de que puede ser para siempre.

Pero, pese a todo, nos vamos. Nos vamos porque queremos hacer ciencia. Porque es para hacer ciencia para lo que nos hemos preparado durante tanto tiempo: le hemos dado sudor y lágrimas, sacrificando horas de sueño, dedicado nuestra energía durante años. Hemos estudiado una carrera, hecho un máster, terminado una tesis. Y es ahora cuando estamos listos: listos para investigar, para descubrir, para enseñar a otros que enseñarán a otros que también descubrirán. Así que ahora no vamos a parar. Aunque eso implique, a falta de otras opciones, subir a un avión arrastrando un sombrío presentimiento.

Más reflexiones en:

Historias del más p’acá. Divagaciones de una científica española en Inglaterra