Un gran dilema al que enfrentan las plantas es la posibilidad de invertir su energía en el crecimiento o la defensa frente a patógenos. Crecimiento y defensa se contrarrestan: cuando uno se activa la otra, se inhibe, y viceversa. No obstante, en un caso extremo, cuando se trata de buscar recursos que afectan directamente a su vida como la luz solar ¿qué decisión toman?

Los investigadores han utilizado  el organismo modelo 'Arabidopsis thaliana'

Los investigadores han utilizado el organismo modelo ‘Arabidopsis thaliana’

Investigadores del Sainsbury Laboratory han determinado que en esta encrucijada está implicada la proteína BZR1, responsable de inclinar rápidamente la balanza a favor del crecimiento y de ignorar el ataque de patógenos.

Esta decisión aparentemente contradictoria, porque no tiene sentido seguir creciendo, perder la batalla  y  morir más grande, se convierte en lógica cuando se trata de una cuestión de vida o muerte.

Por ejemplo, cuando una semilla germina en tierra y debe aprovechar toda su energía en alcanzar mayor altura y buscar la luz solar.

“La inversión de los limitados recursos en defenderse de un patógeno podría tener consecuencias letales ¿para que gastar tus limitadas energías en combatir a un patógeno y morir porque no puedes desarrollar la fotosíntesis?”, explica la malagueña Rosa Lozano-Durán, investigadora del Sainsbury Laboratory y primera autora del estudio titulado The transcriptional regulator BZR1 mediates trade-off between plant innate immunity and growth, publicado en la revista eLife.

Los investigadores han descubierto cómo las plantas utilizan hormonas esteroides para elegir priorizar crecimiento frente a defensa cuando su supervivencia depende de ello. “Controlar este proceso supone una herramienta de gran alcance en nuestra capacidad de cultivar plantas resistentes a las enfermedades con el máximo rendimiento“, explica el profesor Cyril Zipfel del Sainsbury Laboratory.

La investigadora  malagueña  Rosa Lozano-Duran y el doctor Cyril Zipfel del Laboratorio Sainsbury.

La investigadora malagueña Rosa Lozano-Duran y el doctor Cyril Zipfel del Laboratorio Sainsbury.

La proteína BZR1 controla la actividad de genes relacionados con la inmunidad. Está implicado en el crecimiento mediado por hormonas esteroides llamadas brasinoesteroides, comunes a todas las plantas y ya estudiadas en cultivos de cereales con plantas semi-enanas. “No obstante, la novedad de esta investigación es apuntar que estas plantas podrían tener ventajas adicionales, porque la menor sensibilidad a esta hormona conllevaría una mayor activación de inmunidad y, por tanto, serían más resistentes”, explica.

Esta investigación de carácter básico permite conocer mejor los mecanismos con los que las plantas se defienden de los patógenos.  Aunque puede pasar tiempo hasta que estos nuevos datos lleguen a aplicarse directamente en el campo, sus resultados pueden resultar de utilidad para los mejoradores de especies vegetales en la obtención de  variedades con mayor rendimiento y resistencia.