Las Perseidas son las estrellas fugaces más populares del cielo estival. Sin embargo, existen otros meteoros que se pueden observar durante julio y agosto, las Austrínidas, Delta-Acuáridas, Kappa-Cignidas. Los meteoroides que inauguran la temporada veraniega son las Alfa-Capricórnidas. Se trata de una lluvia con meteoros larga, lenta y  brillante caracterizada por bolas de fuego que se producen por la desintegración de los restos de la cola del cometa 169P/NEAT cuando en contacto con la atmósfera. Comienzan en julio y pueden avistarse hasta agosto, cuando, en su movimiento de traslación anual, la tierra se cruza con la órbita de este cometa.

Cuatro de las siete bolas de fuego estudiadas por los investigadores

Cuatro de las siete bolas de fuego estudiadas por los investigadores

Además de la asombrosa  belleza, los meteoros transmiten mensajes para comprender el origen y evolución del sistema solar. Por ejemplo, las Alfa-Capricórnidas aparecen en el cielo como ráfagas cuyo brillo va variando de forma y, casi al final de su trayectoria, se despiden con una explosión que hace que su luminosidad aumente bruscamente.

No son sólo un espectáculo de luz, también aportan información sobre la composición del cometa del que proceden. Revelan que contiene elevadas cantidades de magnesio, un elemento que manifiesta la presencia de ciertos minerales en ese objeto progenitor, el 169P/NEAT, que evidencian su edad, dado el origen primitivo de esos materiales que lo componen. Así lo han puesto de manifiesto investigadores de las universidades de Huelva y Sevilla, del Instituto de Astrofísica de Andalucía y del barcelonés Instituto de Ciencias del Espacio que han analizado siete bolas de fuego de las Alfa Capricórnidas observadas entre 2011 y 2013 en Andalucía, en el marco del programa de vigilancia continua de la Red española de investigación sobre bólidos y meteoritos (SPMN).

El estudio titulado ‘Orbit and emission spectroscopy of α-Capricornid fireballs’ concluye que seis de los siete bólidos analizados cuentan con niveles de magnesio superiores a los esperados para un cometa como el 169P/NEAT,  compuesto por materiales condríticos, es decir, aquellos muy primitivos característicos de las primeras fases de formación de las estrellas. “Esta composición de magnesio nos pone sobre la pista de determinados minerales como el piroxeno y olivino presentes en los objetos más antiguos del sistema solar y que también se ha descubierto en otros meteoros como el cometa Hale Bopp”, apunta el investigador responsable del proyecto José María Madiedo, de la Universidad de Huelva.

Meteoroides pertenecientes a las Alfa-Capricórnidas analizados

Meteoroides pertenecientes a las Alfa-Capricórnidas analizados

 

Además, el mensaje que nos envían las Alfa-Capricórnidas cuenta que el cometa del que proceden se está extinguiendo y no es una bola de hielo uniforme. “Al contrario, está compuesto por diversos minerales, ya que algunos de los siete bólidos observados cuentan con menos contenido de magnesio, lo que revela la falta de homogeneidad en el cometa progenitor”, matiza.

Impacto sobre los satélites artificiales

Los investigadores advierten en su estudio de los posibles efectos de las Alfa-capricórnidas sobre los satélites artificiales. Aunque la mayoría de los meteoroides con un origen cometario se destruyen completamente a gran altura en la atmósfera, pueden suponen una amenaza debido a su velocidad. Según explica Madiedo, partículas del grosor de un grano de arena pueden abrir agujeros en los paneles solares de estas estaciones. “En el caso de las Alfa-capricórnidas estamos hablando de objetos cuyo tamaño puede llegar a oscilar entre el de una canica y el de un huevo, y que se mueven a una velocidad de cien mil kilómetros por hora, lo que supondría atravesar una provincia española de unos 75 kilómetros en tres segundos”, ejemplifica el científico.

Los colores de los elementos del universo

¿Cómo saben los científicos que el cometa 169P/NEAT  contiene altas composiciones de magnesio sin tomar muestras in situ? Cada elemento químico produce, al ser calentado, una luz con una serie de líneas luminosas que le son propias y cuya distribución no se repite en ningún otro. Se llaman espectros de emisión y son las “huellas digitales” de los elementos, es decir, cada uno tiene el suyo. Se miden con un espectroscopio, un instrumento que descompone la luz, separando los haces de diferente color y permite visualizar el espectro.

El investigador de la Universidad de Huelva José María Madiedo

El investigador de la Universidad de Huelva José María Madiedo

De esta forma, el magnesio cuenta con su propio espectro. “Precisamente elegimos para nuestro estudio estas bolas de fuego porque emiten un luz intensa que facilita la espectroscopía, para conocer la composición química de los meteoroides. Los elementos que conforman los objetos nos dan pistas sobre su edad, dado el tiempo que necesitan los materiales para ir acumulándose y formar una estrella”, explica.

Por tanto, no hay que viajar a las estrellas a lo Star Treck  para saber de qué están compuestas. Los expertos han utilizado equipos situados en tierra. En concreto, en estaciones de detección situadas en Andalucía (Sevilla, Huelva, Observatorio de Sierra Nevada y Observatorio de El Arenosillo), y Castilla-La Mancha (Observatorio Astronómico de La Hita). Se trata de cámaras de una alta sensibilidad que captan con tal precisión las fuentes luminosas que deben operar en absoluta oscuridad. Sobre la base de estas cámaras, los investigadores ha desarrollado espectroscopios tan sensibles que capturan la luz de partículas de tamaño de un grano de arena.

Asimismo, no sólo llegan a ese grado de detalle, sino que también ofrecen una amplia panorámica, ya que desde cada estación de detección se abarca un fragmento de cielo de entre 400 y 500 kilómetros. “Están dispuestos de tal forma que el área atmosférica común monitoreada se maximiza gracias a las estaciones vecinas”, precisa.

Así que cuando este verano alcemos la vista y veamos una estrella fugaz puede ser una de esas Alfa-capricórnidas que están continuamente monitorizando los investigadores. Esa bola de fuego puede transportar información para desvelar de qué están compuestos los cometas y acercarnos a conocer  mejor el origen y evolución del sistema solar.