Cuando conocí la historia de Dorothy VaughanMary Jackson y Katherine Johnson en la película ‘Figuras ocultas’ salí con un rumor en la cabeza que me susurraba dos ideas: cuánto les costó abrirse camino a las mujeres científicas en el pasado y cómo evitar que siga pasando lo mismo en el presente y en el futuro.

Escena de la película 'Figuras ocultas'

Escena de la película ‘Figuras ocultas’

Con respecto a las figuras del pasado, recordé otros nombres ilustres que podrían sumarse a la lista.  Me acordé de Anna Maria Sibylla Merian, considerada como una de las más importantes iniciadoras de la entomología moderna, de Dorothy Crowfoot-Hodgkin, que determinó la estructura de la penicilina, de la vitamina B-12, y de la insulina en 1969, treinta años después de haber comenzado a estudiarla.

Sumé a la lista a la neuróloga Rita Levi-Montalcini y a una española, Doña Angelita,  la inventora del mecanismo precursor de e-book. También imaginé a la andaluza Isabel Ovín, la primera mujer que se licenció en Ciencias Químicas en España, allá por 1917 en la Universidad de Sevilla.

Ángela Ruiz Robles con su Enciclopedia Mecánica. Imagen: Wikipedia

Ángela Ruiz Robles con su Enciclopedia Mecánica. Imagen: Wikipedia

Todas ellas y muchas otras aportaron su granito de arena a la historia de la ciencia. Sin embargo, esos granitos quedaron sepultados bajo el alud de los descubrimientos de científicos masculinos.

En la película queda patente el esfuerzo que les costó a esas mujeres poner sobre el tablero su talento. Tuvieron que pelear y destacar por encima de sus compañeros masculinos de manera que fuera tan evidente y valioso su conocimiento que nadie osara a desaprovecharlo.

Para impedir que esas figuras dejen de estar ocultas y brillen con luz propia,  la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. La idea de esta celebración es lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas, lograr la igualdad de género y su empoderamiento.

 

Cartel de la iniciativa 11 de Febrero

Cartel de la iniciativa 11 de Febrero

¿Qué sentido tiene una efeméride así? Mucho, teniendo en cuanta los datos. En el estudio Científicas en Cifras 2015, un documento estadístico sobre la situación de las mujeres en el ámbito de la investigación española, se apunta que en las matrículas de las universidades públicas, las mujeres representan un 54% del alumnado, frente al 46% de hombres; la proporción sube en los matriculados a un máster (58% mujeres frente a un 42% hombres).
En el siguiente escalón, el de las tesis doctorales leídas por mujeres, en 2015 la proporción de hombres y mujeres fue del 50% por primera vez desde que se recopilan datos.

Sin embargo, a partir de ahí, cuanto mayor es el grado de responsabilidad, mayor es el sesgo de género. En esa etapa aparece el denominado “efecto tijera”. Éste hace referencia a que aunque en las primeras etapas de la carrera investigadora hay un mayor número de mujeres, conforme se va ascendiendo en las responsabilidades y cargos, como cátedras, por ejemplo, aumenta el número de hombres y desciende el de mujeres.

Según los datos del informe, el 79% de los cargos de dirección y cátedras de las universidades públicas están ocupados por hombres y solo un 21% por mujeres.

También existe una brecha clara en los órganos de gobierno de universidades y organismos públicos de investigación. Actualmente, sólo hay tres rectoras en las instituciones académicas, en las universidades de Granada, la Autónoma de Barcelona y la del País Vasco.

Universitarias hoy ¿catedráticas mañana?

De esta forma, las universitarias actuales parecen no convertirse en las catedráticas del mañana ¿Qué ocurre para que siendo más en cantidad y obteniendo mejores calificaciones su presencia se vea mermada a medida que se avanza en  la escala de las instituciones académicas?

Todo parece comenzar a edades muy tempranas, en el colegio. Un estudio de tres universidades estadounidenses subraya que a los seis años las niñas se vuelven menos propensas a asociar la brillantez intelectual con su propio sexo y tienden a rehuir las actividades que se cree son para niños ‘muy inteligentes’. Los investigadores advierten que se trata de una tendencia preocupante, ya que las aspiraciones profesionales de las mujeres se ven moldeadas por los estereotipos sociales de género.

Para tumbar esa imagen, una de las estrategias es visibilizar a mujeres científicas. En nuestra entrevista con la investigadora Catalina Lara resumía que la determinación de continuar con su carrera de las pioneras es uno de los valores que se puede trasladar a las estudiantes de secundaria y a las jóvenes investigadoras. Otras ‘herencias’ que ellas podrían inocular son la pasión por la ciencia y la generosidad con las que venían detrás, esas que precisamente hoy recogen su legado. En este sentido, destacan múltiples propuestas, como la propia celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.

Sin ánimo de ser exhaustivos, destacamos algunas iniciativas para rescatar a científicas del pasado. Es el caso de la obra de teatro Científicas: pasado, presente y futuro’ protagonizada por cinco profesoras de la Universidad de Sevilla. En la representación, Adela Muñoz, investigadoras del departamento de Química Inorgánica, encarna a Marie Curie, descubridora de la radiactividad natural y ganadora de dos premios Nobel (Física y Química).

Obra de teatro ‘Científicas: pasado, presente y futuro’

Obra de teatro ‘Científicas: pasado, presente y futuro’

Adela ha presentado recientemente su libro ‘Sabias. La cara oculta de la ciencia’ en el que también se desvelan esas mujeres que de nuevo quedaron escondidas. En su entrevista en nuestro blog reconocía: “Hay que desenterrar sus historias, porque las mujeres científicas del pasado eran pocas, pero, sobre todo en España, nadie se preocupó de recuperar su biografía o incluso la ocultaron y quedaron en el olvido”.

También ponen cara a expertas del pasado exposiciones como  ‘Galería de Retratos Mujeres en Bioquímica’ y aquellas que miran al cosmos en la muestra con ‘A de astrónomas’ . Otras propuestas nacen en el ámbito educativo como ‘Un espejo en que mirarte’ en el que científicas enviaron cartas de motivación a alumnas de primaria de un colegio de la provincia de Granada.

Volvemos a la película del principio y a mi rumor que me apuntaba también que las figuras ocultas siguen existiendo en el presente. Qué pasa con aquellas chicas potenciales científicas de países menos desarrollados ¿Quién rescata el talento científico de las investigadoras del Tercer Mundo? ¿Quién aviva la luz de sus brillantes mentes? Quizás esas figuras ocultas brillen por sí mismas algún día.

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