El análisis de la composición química del cometa 169P/NEAT, del que proceden los meteoros que conforma una de las lluvias de estrellas del verano, revela altas concentraciones de magnesio, un elemento que da pistas sobre la presencia de ciertos materiales primitivos en ese objeto. Además de suponer un bello espectáculo, estas bolas de fuego observables durante julio y agosto envían a los científicos datos para conocer mejor el origen y la evolución del sistema solar.

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